Artesanos en El Camino

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Bodega Bat Gara
Bodega Bat Gara
País Vasco

Enclavada en el interior de Álava, Bat Gara representa la evolución audaz y contemporánea del txakoli vasco. Fundada en 2014 en Lezama por dos apasionados del viñedo —Jose Cruz Guinea y Txema Gotxi, el alma creativa y el enólogo de la casa—, la bodega surge de un linaje familiar de viticultores que ya elaboraban su propio vino para autoconsumo, como ocurría tradicionalmente en tantos caseríos vascos.
 

Bat Gara rompe moldes en una denominación joven y minoritaria, apenas media docena de bodegas amparadas en la D.O. Txakolí de Álava, apostando por la mínima intervención, la vendimia manual y la elaboración artesanal con variedades autóctonas como la hondarrabi zuri y la hondarrabi zerratia. 

 

Los viñedos —seis hectáreas en los valles de Ayala y Arrastaria— respiran frescura y clima atlántico, en prados y colinas verdes a escasa distancia de Bilbao.

 

La personalidad de Bat Gara nace del inconformismo y la inquietud creativa de Txema Gotxi, quien, más allá de los txakolis jóvenes habituales, se atreve a experimentar: blancos de crianza, fermentación en todo tipo de maderas (castaño, roble húngaro, cerezo...), vinos naranja, espumosos ancestrales y rarezas como el “Aromas del Sur”, un txakoli innovador criado bajo velo de flor al estilo andaluz, merecedor de premios y convertidos en referencia nacional.

 

Fieles a la filosofía de hacer cosas diferentes en pequeño formato —no llegan a 35.000 botellas anuales—, cada vino de Bat Gara es un homenaje a la personalidad atlántica y mineral del terroir alavés, al respeto por el ecosistema y a la versatilidad insospechada de la uva local. Su abanico incluye los singulares txakolis UNO y Urtaran, así como microvinificaciones que exploran el futuro de la denominación. Como bien dice Txema: “No hacemos vinos jóvenes. Queremos vinos con alma y recorrido”.

 

El reconocimiento a Bat Gara está ya en las mejores guías, restaurantes, y en los paladares que buscan autenticidad: vinos de autor, rebeldes y sorprendentes, que transforman la tradición local en pura artesanía moderna y afirman que en el País Vasco también hay un txakoli distinto, original y con mucho que contar.

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Zubelzu Piparrak
Zubelzu Piparrak
País Vasco

En el verde paisaje de Ibarra (Gipuzkoa), hay apellidos que han tejido una profunda historia de amor y respeto por la tierra. La familia Zubelzu es uno de ellos. Desde 1994, han sido los guardianes de la auténtica piparra de Ibarra, pioneros en el cultivo sostenible bajo el exigente Eusko Label y embajadores del saber hacer ancestral transmitido de generación en generación.
 

La empresa, profundamente familiar, nace del esfuerzo compartido y la ilusión de llevar a cada rincón la esencia y el sabor de su entorno. El trabajo diario en campo, las manos que seleccionan cada fruto, y el mimo artesano en la elaboración de sus guindillas, mousse, gildas o encurtidos, son el reflejo de una dedicación absoluta y de una manera de entender la vida en comunión con la naturaleza.
 

La conexión de los Zubelzu con el entorno de Gipuzkoa va más allá del cultivo: su respeto por el ritmo de las estaciones, el agua que alimenta las huertas, y la biodiversidad de su entorno convierte cada producto en testimonio del paisaje de la comarca. El resultado es una piparra que no solo destaca en toda España por su calidad y frescura, sino que también transmite el carácter alegre, generoso y hospitalario de quienes la cultivan.
 

Reconocidos por la excelencia de sus productos y admirados por su contribución a la conservación del patrimonio gastronómico vasco, los Zubelzu han logrado, con humildad y constancia, convertir su apellido en sinónimo de artesanía, sostenibilidad y orgullo local. Cada tarro que sale de su obrador lleva consigo una historia de familia, de tierra, y de tradición que sigue viva en cada bocado.

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Colmenares de Vendejo
Colmenares de Vendejo
Cantabria

En la comarca de Liébana, donde la vida gira al ritmo de los valles y las estaciones de los Picos de Europa, Rubén Varona personifica el alma de la apicultura cántabra contemporánea. Más que apicultor, Rubén es también guarda forestal y un apasionado defensor de la naturaleza de su entorno. Este doble compromiso le permite proteger la biodiversidad de los bosques lebaniegos y, a la vez, cuidar de sus colmenas con profundo respeto por los ciclos de la montaña.
 

Heredero de una tradición familiar, Rubén representa a la generación que ha puesto en valor la Miel de Liébana, logrando para ella la Denominación de Origen Protegida. Su labor diaria va mucho más allá de recolectar miel: Rubén invita a descubrir el mundo de las abejas y la apicultura a través de experiencias educativas y de apiturismo, abriendo las puertas de Colmenares de Vendejo a quienes desean entender el papel fundamental de las abejas en los ecosistemas y en la vida rural.
 

La miel que produce es puro reflejo del territorio: dorada, aromática y fruto de una apicultura artesanal donde todavía predominan los métodos tradicionales. Rubén combina el saber heredado de su familia con una mirada abierta al futuro y a la divulgación. Su pasión por enseñar hace de cada visita una oportunidad para descubrir, saborear y respetar el mundo de la apicultura y la conservación del paisaje cántabro.
 

Hoy, Colmenares de Vendejo es una referencia para amantes de la miel natural y para quienes buscan experiencias auténticas, gracias al compromiso de Rubén con la calidad, la sostenibilidad y la transmisión de un legado que sabe a Liébana y a tierra viva.

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La Ermita
La Ermita
Cantabria

En el encantador pueblo cántabro de San Pedro de Rudagüera, la tradición gastronómica de la familia Salmón —Amparo, Cándido y Ramón— hunde sus raíces en la década de los años 60, cuando sus padres abrieron una taberna y tienda de ultramarinos que pronto se distinguió por la calidad de sus productos y el trato familiar. Entre los aromas del establecimiento y el ritmo pausado de la vida rural, los tres hermanos aprendieron desde pequeños el amor por la cocina bien hecha, el respeto por el entorno y el valor incomparable de lo artesanal.
 

En los años ochenta, decidieron transformar la antigua casona familiar —erigida sobre las piedras de una ermita del siglo XIX— en la hostería La Ermita 1826. En muy poco tiempo, su cocina se convirtió en referencia regional, gracias a una apuesta decidida por la excelencia, la autenticidad y la innovación dentro del recetario tradicional cántabro. Su plato estrella, el cocido montañés, supo conquistar a locales y viajeros, y hoy sigue representando fielmente el alma de La Ermita.
 

Ubicada actualmente en Casar de Periedo (Cantabria), Delicatessen La Ermita ha elevado la artesanía a su máxima expresión. Aquí, nada se deja al azar y lo que se puede hacer a mano, se hace a mano. La empresa, fiel a sus orígenes familiares, elabora todos sus productos sin aditivos ni conservantes artificiales, utilizando solo los mejores ingredientes y cocinando con mimo de la manera tradicional. El resultado: una extensa gama de alimentos selectos que pueden formar parte de la carta de cualquier restaurante de prestigio.
 

Con el tiempo, los Salmón han diversificado su catálogo aportando nuevas creaciones, como lácteos de calidad extraordinaria que recomendamos ampliamente —aunque, por sus necesidades de refrigeración, aún no puedan estar presentes en nuestra tienda online—.
 

La Ermita se ha convertido así en referencia nacional de la alimentación artesanal y en motivo de orgullo para Cantabria. En WAYS, presentamos su cocido montañés y toda la historia y el esmero que encierra cada producto, convencidos de que al probarlos descubrirás el verdadero sabor de la tierra y el inconfundible sello de una familia que ha hecho de la autenticidad su modo de vida. No es casualidad que una de nuestras fundadoras haya elegido San Pedro de Rudagüera como su hogar en España: este pueblo y su entorno son, sencillamente, irresistibles.

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Estilo Pastelería
Estilo Pastelería
Galicia

La dulce capital del Camino 

 

Melide es más que una parada en el Camino de Santiago; es un tesoro escondido para aquellos que aprecian los auténticos dulces tradicionales.  Con su rica historia y ubicación estratégica en el cruce de caminos de los Caminos Frances y Primitivo, Melide ha preservado su legado a través de sus dulces tradicionales. 

Y en Melide Estilo es mucho más que una pastelería al uso. Fundada hace más de 60 años, Estilo ha pasado por tres generaciones, con Alberto Rodríguez actualmente al mando. 

 

Alberto se ha constituido en un guardián de la tradición, dedicado a preservar las recetas y métodos ancestrales que han hecho de Estilo un pilar de la identidad de Melide.
Alberto creció rodeado de los aromas de pasteles recién horneados, aprendiendo el oficio de su padre y su abuela. Esta profunda conexión con el legado familiar es lo que lo impulsa a mantener la autenticidad de las ofertas de Estilo. 

 

A pesar de los desafíos de los tiempos modernos, incluyendo economías fluctuantes y el ritmo acelerado de la vida, Alberto sigue comprometido con la simplicidad y pureza de los ingredientes utilizados en su pastelería y sin usar ningun tipo de conservante. 

 

El resultado es una gama de dulces que no solo son deliciosos, sino que también llevan la esencia del rico patrimonio cultural de Melide.
 

Los viajeros son bienvenidos a visitar Estilo, en el centro del pueblo, y disfrutar la magia de los dulces más famosos de Melide: Melindres, Ricos y Almendrados acompañados de un delicioso cafe.  

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Cárnicas Teijeiro
Cárnicas Teijeiro
Galicia

Preservando la Tradición con Innovación

 

En los serenos paisajes de Sarria, Lugo, se encuentra Cárnicas Teijeiro, un testimonio de tradición, pasión e innovación en el mundo de la charcutería. 

 

Fundada por la familia Teijeiro, esta notable empresa ha sido pionera en la recuperación y producción de la raza Cerdo Celta, una iniciativa que comenzó a finales de los años 90. Carlos Teijeiro, inspirado por su espíritu emprendedor y sus profundas raíces familiares, dejó una exitosa carrera en formación de ingenieros para dedicarse a esta noble causa.

 

Cerdo Celta

 

El cerdo celta (gallego: Porco celta) es una raza de cerdo nativa de la comunidad autónoma de Galicia, en el noroeste de España.

 

Aunque fueron relativamente comunes hasta principios del siglo XX, los cerdos celtas casi habían desaparecido en la década de 1980. La raza se está recuperando y ahora hay más de 2.500 cerdas de raza pura.

 

Los cerdos celtas crecen más lentamente y desarrollan más grasa que las razas modernas como la Large White, lo que los hace menos adecuados para la producción intensiva de carne comercial, pero ideales para la creación de productos de cerdo curado.

 

Eco Granja Teijeiro

 

Carlos, junto con su cuñado Óscar Moreno, tomó las riendas del negocio familiar con una visión de elevar la calidad y autenticidad de sus productos. Establecieron Eco Granja Teijeiro, una finca de 20 hectáreas en O Incio, dedicada a la cría sostenible del Cerdo Celta. Su compromiso con la excelencia se refleja en cada aspecto de su trabajo, desde la cuidadosa selección de los animales hasta la meticulosa elaboración de cada producto.

 

La historia de Cárnicas Teijeiro es una de resiliencia y dedicación. Unificar 27 parcelas de tierra de varias familias para crear su extensa finca no fue tarea fácil. Sin embargo, impulsados por una visión compartida, Carlos y su equipo han creado un ecosistema próspero donde la tradición se encuentra con la modernidad. Sus esfuerzos no solo han revivido una raza casi extinta, sino que también han establecido nuevos estándares de calidad en la industria de la charcutería.

 

En Cárnicas Teijeiro, cada producto es un trabajo de amor, que encarna el rico patrimonio y la excelencia culinaria de Galicia. Los visitantes de su finca pueden sumergirse en la experiencia completa, desde aprender sobre la historia y la tecnología de la ganadería extensiva hasta participar en talleres y catas. A través de su enfoque innovador, Carlos y su familia han creado un destino que celebra el pasado mientras abraza el futuro.

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Elías González
Elías González
Galicia

La tradición alfarera de Gundivós estuvo en peligro en el siglo XX debido a la introducción del plástico y el cristal. Sin embargo, gracias a los esfuerzos de individuos como Elías González para revitalizar el Rectoral de Gundivos, uno de los cuatro centros de alfarería tradicional que todavía permanecen activos en Galicia, con una alfarería de las más primitivas de la Península Ibérica que ofrece piezas de un característico color negro. Este es el único alfar de torno bajo que se conserva en Galicia.

La alfarería de Gundivós comienza en el siglo XV y llega prácticamente inalterada hasta nuestros días. A mediados del siglo XX la venta masiva de plástico comienza a sustituir a estas piezas, condenándolas casi a su desaparición. La recuperación se hizo gracias a un grupo de emigrantes que a finales de los años 70 decidieron dedicarse a revitalizar el oficio de “cacharreiro”.

Elías González aprendió este oficio de unos de ellos, Agapito, y decidió convertirlo en su modo de vida. Con la rehabilitación de un edificio del siglo XVIII, “La Rectoral de Gundivós”, vinculó la artesanía al turismo de la Ribeira Sacra. En la Rectoral, además del alfar, habilitó una sala para conferencias, otra para la exposición de piezas antiguas y otra para la venta. La rectoral es hoy un proyecto integral donde puede uno ver un alfar tradicional funcionando, adquirir piezas únicas y comprender esta preciosa tradición.

La cerámica de Gundivós en Galicia es verdaderamente una joya del patrimonio artesanal de Europa. Esta tradición milenaria, arraigada en una región vitivinícola histórica, es un testamento viviente de la conexión entre la tierra, la cultura y la artesanía.

Embutidos Julián Mairal
Embutidos Julián Mairal
Aragón

Fundada hace más de 60 años en Barbastro, en las estribaciones de los Pirineos españoles, Julián Mairal es una empresa familiar dedicada a preservar y mejorar las ricas tradiciones de la charcutería aragonesa

La compañía fue establecida en 1958 por Julián Mairal Fumanal, cuya visión y pasión sentaron las bases de esta marca artesanal, conocida por su calidad excepcional.
 

Hoy en día, bajo el liderazgo de Julián Mairal Villamana, la empresa se ha modernizado sin perder su esencia. El profundo conocimiento de Julián en la industria cárnica le ha permitido expandir y mejorar las instalaciones de producción, transformando el negocio en un referente nacional en jamones, embutidos frescos y curados, y longaniza. La tercera generación de la familia Mairal ya desempeña roles clave en la empresa, asegurando que el legado y las tradiciones de Julián Mairal continúen prosperando.
 

Sostenibilidad e innovación

El compromiso de Mairal con la sostenibilidad se refleja en el uso de paneles solares y prácticas respetuosas con el medio ambiente, asegurando que su producción sea de alta calidad y eficiente en el uso de energía. Su dedicación a la seguridad alimentaria y la innovación los ha convertido en líderes de la industria, siempre cumpliendo con los estándares más altos de calidad a través de certificaciones como BRC e IFS.
 

El enfoque de la familia Mairal en la artesanía, calidad y responsabilidad ambiental refleja los valores fundamentales que han guiado a la empresa durante más de seis décadas. Esta combinación de tradición y modernidad garantiza que sus productos artesanales sigan siendo un referente de excelencia tanto en el mercado español como en el internacional.

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Miel Camino de Santiago
Miel Camino de Santiago
Bierzo/León

Beatriz Figueroa Pérez y Borja Jiménez Rodríguez han  decidido apostar e invertir todos nuestros recursos en la creación de la marca Miel Camino de Santiago, después de haber dedicado no pocos años en el oficio que hemos absorbido desde niños.

Su local está situado en pleno Camino de Santiago Francés (Cacabelos), donde te invitamos a visitarnos y conocer todo lo relacionado con el bello mundo de la apicultura.

Nuestros colmenares están repartidos a lo largo de los Caminos que recorren El Bierzo, por ejemplo: en el municipio de Corullón en pleno Camino de Santiago Francés, en la localidad de Congosto en pleno Camino de Santiago Olvidado, en el Municipio de Villafranca en el Camino de Santiago Francés y otros.

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Conservas Laurel
Conservas Laurel
Asturias

En Avilés, con el Cantábrico prácticamente al lado, Conservas Laurel lleva más de veinte años haciendo algo que parece sencillo y no lo es: meter cocina real dentro de una lata sin que pierda su identidad.
 

Laurel no nació como industria de volumen. Nació desde la cocina. Cada día reciben producto fresco —hortalizas, pescados, mariscos— y trabajan en ollas grandes, sí, pero con lógica de cocina doméstica: fondos, tiempos largos, “chup chup” sin prisas. No producen recetas diseñadas para aguantar estantería; adaptan recetas tradicionales para que puedan conservarse sin dejar de saber a lo que son.

 

La empresa está en segunda generación. El relevo lo tomaron Daniel y su familia, heredando una idea clara: la cocina empieza en el mercado. Lo cercano primero. Empezando por  su propia costa. 

Si hay un producto que define su manera de hacer las cosas es el Pastel de Cabracho. No es casualidad. El cabracho es un pescado de roca, complejo de manipular, con espinas venenosas incluso después de muerto. Durante mucho tiempo fue pescado de consumo local, reservado a quien sabía tratarlo.

 

En su catálogo hay más de cuarenta platos clásicos y una clara línea roja: no utilizar aditivos artificiales innecesarios. Sin colorantes, sin conservantes añadidos. La conservación depende del proceso, no del maquillaje.

 

Laurel entiende la conserva como refugio. Cocina tradicional protegida dentro de metal. Lo que antes se hacía en casa durante horas, ahora se puede abrir en minutos. No es sustituto de la cocina lenta; es su versión portátil.

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Casa Fermín
Casa Fermín
Asturias

Cien años haciendo lo mismo… pero mejor
 

Casa Fermín abrió en 1924 en el Fontán, en Oviedo. No empezó como restaurante elegante, sino como bar, fonda y tienda. Un negocio familiar de los que se levantaban con trabajo y constancia. Fermín García y Ana Martínez pusieron la primera piedra sin saber que estaban iniciando una historia que duraría cuatro generaciones.
 

Con el tiempo cambiaron de ubicación —del Fontán al Cristo, luego de vuelta hacia el centro, a la calle San Francisco, pero nunca dejaron Oviedo. La casa fue creciendo con cada generación. Primero, “Anitina” y Luis Gil, que dieron el gran salto hacia la alta cocina. En 1974 llegó la primera estrella Michelin para Asturias. No fue casualidad. Fue evolución.
 

Después llegaron María Jesús Gil y Luis Alberto Martínez. Ella en sala, él en cocina. Se conocieron estudiando hostelería y terminaron dirigiendo el restaurante. Luis Alberto fue de los cocineros que ayudaron a modernizar la cocina asturiana cuando todavía no era tendencia hacerlo. Probó, arriesgó, ajustó. Con el tiempo encontró un equilibrio: tradición bien tratada, técnica sin espectáculo, producto como base.
 

Hoy la cuarta generación ya está dentro. Ana, repostera. Guillermo, cocinero. Laura, también cocinera. La continuidad no fue forzada. Simplemente ocurrió.
 

Casa Fermín ha cambiado con los años, pero mantiene una idea clara: cuidar al cliente y cuidar el producto. No viven de la nostalgia ni del pasado Michelin. Viven del día a día. De hacer las cosas bien.
 

Y en cien años solo han tomado una decisión poco habitual para un restaurante de este nivel: envasar un producto propio para que pueda consumirse fuera. Solo uno.


Las casadielles.

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Naveda
Naveda
Asturias

En Cabranes, Asturias, cuando el aire huele a leña y a despensa, no es nostalgia: es método. Embutidos Naveda nace en 1992 como empresa familiar, pero lo que realmente hereda —y protege— es una manera de hacer que en Asturias se entienda sin necesidad de explicaciones: respeto por la materia prima, paciencia en los procesos, y una idea muy clara de lo que significa “sabor a pueblo”.
 

Naveda trabaja el universo cárnico asturiano desde dentro, como se ha hecho siempre: adobos con pimentón y especias naturales, secados lentos, y ese ahumado con roble que no busca “perfumar” el producto, sino darle profundidad y memoria. Porque el humo, aquí, es conservación… y también carácter. Chorizo, morcilla, panceta, lacón: piezas que nacieron para sostener inviernos largos y hoy sostienen una identidad culinaria entera.
 

Lo interesante de Naveda es que no se queda en la postal de lo tradicional. Su tradición no es una vitrina: es un taller que evoluciona. Han modernizado las instalaciones y afinado los procesos con un objetivo casi obstinado: que lo artesanal siga sabiendo a artesanal, incluso cuando se adapta a los estándares actuales de seguridad y conservación. Esa tensión —entre lo que no se negocia y lo que se mejora— es donde se mide la autenticidad.
 

Naveda no solo produce, sino que participa y lidera poniéndose al frente del organismo de control de la Marca de Garantía “Chorizo y Morcilla Asturianos”, una herramienta clave para proteger lo que el mercado tiende a diluir: el origen real y el cumplimiento de un estándar común que defienda a quienes hacen las cosas bien. 
 

Naveda, cuenta una historia muy asturiana: que la calidad no se declara, se demuestra; que la tradición no es repetir, sino entender; y que la innovación —la de verdad— es la que permite que el producto llegue intacto a la mesa, con su identidad sensorial y su verdad completa, y en el proceso acumulando reconocimientos y premios. 

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M. Lombardia
M. Lombardia
Asturias

Cuatro generaciones de hierro y fuego

En Esquíos, entre los montes de Taramundi, la historia de los Lombardía se cuenta en golpes de martillo. 

Martín Lombardía no es el primero de su familia en trabajar el hierro, y esperemos que no sea el último, aunque eso está por ver. Es la cuarta generación de un oficio al que le inició su padre Manuel y que hunde sus raíces en su tatarabuelo, un tipo con visión que a principios del siglo XX entendió que las navajas podían ser algo más que herramientas.

 

Aquel pionero fabricaba navajas "de recuerdo", piezas de carpinteria y herreria caracterizadas por empuñaduras de latón y que cruzaron el Atlántico en los bolsillos de los emigrantes asturianos que se iban a Argentina a buscarse la vida. Era una idea inteligente: vender nostalgia forjada en acero, algo que los asturianos pudieran llevar como un trozo de su tierra en tierra extraña.

 

Esa era la realidad de los artesanos rurales: diversificación por supervivencia. Un poco de todo para llegar a fin de mes. Su padre Manuel tuvo que adaptarse cuando los números no cuadraban. El ganado dejó de ser rentable y el turismo empezó a llegar a estos valles. 

 

El proceso de forja no ha cambiado mucho. Acero que se calienta hasta el punto exacto, martillo que golpea con precisión, agua que templa el metal. Las empuñaduras de latón siguen grabándose a mano, con motivos que han pasado de generación en generación. Es trabajo lento, meticuloso, de esos que no se pueden acelerar sin que se pierda todo. Desde una crisis del laton, se introdujo tambien la plata. 

 

Las navajas que salen del taller llevan la marca M. Lombardía, la misma que cruzó el charco hace más de cien años. Son piezas funcionales, hechas para durar, para usarse. No es arte conceptual: son herramientas con alma.

 

El futuro del taller está en el aire. Martín tiene dos hijos de poco menos de 20 años Conocen la forja, han respirado humo de fragua desde niños, pero no están seguros de seguir. El mayor trabaja en La Rectoral, el otro estudia.  Es el eterno dilema de los oficios tradicionales: ¿quién va a querer trabajar doce horas al día en una fragua cuando puede tener un horario fijo y vacaciones pagadas? Martín lo entiende, pero duele. Cuatro generaciones es mucho peso para dejarlo caer.

 

El taller está abierto a visitas. No es un espectáculo montado para turistas: es un lugar de trabajo real donde se puede ver cómo se hace una navaja de verdad. El museo etnográfico cercano complementa la experiencia con herramientas y objetos que cuentan la historia de la vida rural en estos montes.

 

Cuando hace calor junto a la fragua, Martín recurre al humor asturiano: "No está hoy pa tizarla mucho. Ta más bien pa meterse en la piscina". Pero sigue trabajando, porque las navajas M. Lombardía no se hacen solas y porque hay una tradición familiar que, de momento, sigue viva.

En Esquíos, el sonido del martillo sobre el yunque marca el ritmo de cuatro generaciones de trabajo honesto. 

Las navajas que hace Martín no van a cambiar el mundo, pero van a seguir cortando mucho después de que él ya no esté.

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Sidra Viuda de Angelón
Sidra Viuda de Angelón
Asturias

Sidra Viuda de Angelón nació en 1947, en el concejo de Nava, el corazón mismo de la comarca sidrera asturiana, cuando Alfredo Ordóñez Onís decidió fundar un llagar en homenaje a su madre, Carmen —conocida cariñosamente como la Viuda de Angelón—. La familia Ordóñez ya contaba con una tradición sidrera y hostelera local, y Alfredo quería recuperar y consolidar el arte de la sidra natural, apostando por la calidad y el esfuerzo constante.
 

Desde aquel primer llagar, la empresa ha ido creciendo y evolucionando a lo largo de varias generaciones familiares, adaptándose a los nuevos tiempos sin perder la esencia de lo artesanal. En los años noventa dio el salto a unas modernas instalaciones en La Teyera, lo que permitió mejorar la producción, mantener estrictos controles de calidad y diversificar la gama, siempre a partir de manzanas autóctonas seleccionadas de los mejores pumares asturianos.


De la sidra natural tradicional —la que se escancia en los chigres y sidrerías de Asturias—, Viuda de Angelón ha sabido evolucionar acompañando los cambios en los gustos y las necesidades de los consumidores. Así, han desarrollado sidras espumosas, de autor y de hielo, propuestas innovadoras con frutas, vinagres y, sobre todo, la sidra de mesa: una sidra filtrada, fresca y ligera, especialmente pensada para servir en copa, perfecta para el consumo en restaurantes, en casa y para acompañar comidas, sin necesidad de escanciador ni ritual.
 

Esta apuesta por conjugar tradición e innovación ha llevado a Viuda de Angelón a posicionarse como una de las grandes referencias del sector, con numerosos premios en ferias y concursos nacionales, e imprescindible en las cartas de sidras de muchos restaurantes y sidrerías españolas.


Hoy la familia Ordóñez mantiene el testigo del fundador. Conserva vivo el respeto por la sidra “de siempre” y al mismo tiempo explora nuevos caminos, siempre con la misma pasión y rigor que han convertido a Viuda de Angelón en un emblema de la sidra asturiana.

Sidra Viuda de Angelón promueve activamente la cultura y la gastronomía asturiana a través de diversas actividades:
 

  • Visitas guiadas y turismo sidrero: Ofrecen recorridos por el llagar donde se explica el proceso de cosecha, elaboración y embotellado, con degustación de sidra recién espichada y un aperitivo de productos típicos asturianos.
     
  • Catas y maridajes: Organizan catas temáticas, eventos gastronómicos y colaboraciones con queserías y chefs asturianos, impulsando el maridaje entre sidra y queso artesanal o cocina local.
     
  • Participación en festivales: Son protagonistas en el Festival de la Sidra de Nava, la Preba de la Sidra de Gascona, el Salón Internacional de les Sidres de Gala (SISGA) y numerosas muestras gastronómicas en toda Asturias.
     
  • Innovación reconocida: Han lanzado al mercado nuevas expresiones sidreras —sidra de mesa filtrada, sidra espumosa, de hielo, afrutada—, ampliando el público y modernizando la imagen de la sidra asturiana.
     

Premios destacados:

  • Mejor Sidra de Mesa (Natural Filtrada) en el Festival de la Sidra de Nava 2025 (“Angelón 1947”)
  • Premio Popular a la Mejor Sidra Gascona (Gascona, 2025 y otros años consecutivos)
  • Oro y Plata en el Salón Internacional de les Sidres de Gala (por eco, de hielo, Brut Nature y Rosée)
  • Premio a la Mejor Sidra Natural elaborada en Nava (2022)
  • Premio a la Innovación en Industria Agroalimentaria de Bebidas 2024
  • Premio a la Sidra Más Prestosa en “Gijón de Sidra” 2024
     

Todo esto consolida a Viuda de Angelón como una referencia en calidad, divulgación y evolución de la sidra asturiana, tanto en el ámbito local como nacional.

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Casa Eceiza
Casa Eceiza
País Vasco

Casa Eceiza es una pastelería tradicional de Tolosa (Guipúzcoa) con casi un siglo de historia. Fundada en 1924, fue fundada por Luis María Eceiza, nació del deseo de llevar los dulces tradicionales del País Vasco al día a día de las familias y los viajeros que pasan por esta ciudad tan ligada a la buena mesa.
 

El producto estrella de la casa —y también de Tolosa— es las Tejas y Cigarrillos: pastas crujientes de almendra y dulces enrollados que han acompañado sobremesas, desayunos y meriendas generación tras generación. La receta es sencilla y auténtica: buenas almendras, mantequilla, harina, huevos y azúcar, sin más secretos que la mano experta y el respeto por la tradición. Mientras las tejas se moldean a mano minutos después de salir del horno, los cigarrillos se enrollan uno a uno, garantizando esa textura fina y ese sabor discreto, nada empalagoso, que casa perfectamente con un café o un vino dulce.
 

Pero en Casa Eceiza no todo son tejas; también elaboran pastas de mantequilla, florentinas, chocolates y turrones, todos bajo el mismo principio: productos honestos, ingredientes sencillos y trabajo artesanal. La empresa colabora con proveedores locales siempre que puede y apuesta por la calidad sostenible y la cercanía, apostando por materiales reciclables en sus envases.
 

Las Tejas y Cigarrillos de Tolosa se han convertido en uno de los dulces más representativos del Camino del Norte y de toda la cornisa vasca. Antiguamente, eran el postre de las grandes comilonas en los asadores de la zona, y hoy siguen siendo el regalo más buscado en ferias y mercados. Muchos viajeros recuerdan la experiencia de entrar en la confitería, o de abrir una caja de Casa Eceiza como lo harían en casa de la abuela: sencillo, delicioso y muy nuestro.
 

Quien prueba una teja de Casa Eceiza, sabe lo que es un buen dulce vasco: crocante, equilibrado y lleno de sabor de verdad. Porque a veces, lo mejor es lo más simple… y lo más difícil de igualar.

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Picos de Cabariezo
Picos de Cabariezo
Cantabria

La historia de Picos de Cabariezo nace del impulso de un grupo de amigos de la infancia, profundamente enamorados de Liébana —esa comarca cántabra rodeada por los Picos de Europa— y decididos a devolver a la zona su antigua tradición vitivinícola y licorera. En el año 2000, dieron el primer paso plantando sus propios viñedos de montaña, empeñados en demostrar el enorme potencial de un microclima y un terruño excepcionales.
 

Lo que empezó como un reto personal evolucionó, con el tiempo y el esfuerzo colectivo, en la Compañía Lebaniega de Vinos y Licores S.L., más conocida hoy por su marca Picos de Cabariezo. Esta unión de bodega y destilería ha sido pionera en Cantabria, dinamizando el cultivo de la vid en altura y rescatando la autenticidad de los destilados hechos en casa, siempre con total respeto por la tradición local. Así, la herencia del orujo de Liébana se mantiene viva en su destilería, donde continúan destilando en alquitaras de cobre, a fuego lento y con un método ancestral que proporciona aguardientes limpios, intensos y premiados.

Picos de Cabariezo no se ha conformado solo con el orujo blanco tradicional —amparado por la Indicación Geográfica Protegida “Orujo de Liébana”—. La innovación forma parte de su ADN y su catálogo lo demuestra: elaboran cremas de orujo, licores de hierbas, miel o café, ginebras, brandy, whisky y nuevas versiones dulces y aromáticas, todas reflejo del carácter lebaniego y abiertas al paladar contemporáneo.
 

Su apuesta por la calidad, la diversidad y el trabajo en familia les ha valido numerosos reconocimientos: además de recibir el Premio Nacional Fecoes a la Mejor Bodega-Destilería Artesana (2017), el Orujo de Picos de Cabariezo ha sido galardonado en repetidas ocasiones en la Fiesta del Orujo de Potes, obteniendo la Alquitara de Oro y otras menciones en certámenes regionales y nacionales. Estos premios respaldan un proyecto que aúna tradición, innovación y una vocación clara de compartir: disfrutan enseñando sus viñas, destilería y procesos a quienes se acercan a descubrir el verdadero espíritu de montaña, siempre con una copa de orujo y hospitalidad lebaniega.

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