Anchoas en Cantabria
Anchoas en Cantabria
En Santoña, la anchoa es identidad, historia y símbolo de excelencia que ha dado fama internacional a este puerto cántabro.
La tradición de la anchoa en Santoña se remonta siglos atrás, aunque su mayor impulso llegó a finales del XIX, cuando familias sicilianas introdujeron técnicas de salazón y, más tarde, el fileteado y envasado en aceite que hoy distingue a las mejores anchoas del mundo. La combinación de saber artesanal local y detalles llegados del Mediterráneo hizo de Santoña la capital indiscutible de la anchoa, transformando la economía, el paisaje y el ritmo de vida del pueblo.
El proceso es minucioso y exigente; empieza con la pesca del bocarte (Engraulis encrasicolus) en primavera, cuando este pez alcanza el punto exacto de grasa y sabor. Los pescadores locales emplean técnicas sostenibles —muchas de transmisión familiar— para asegurar la mejor calidad. Nada más llegar, las anchoas se descabezan y evisceran a mano, y se colocan en barriles alternando capas de pescado y sal marina, donde reposan durante varios meses para potenciar sus aromas y textura. La curación suele durar al menos seis meses, pero las mejores anchoas se maduran hasta un año completo.
Después viene el trabajo de las “sobadoras”, mujeres expertas que limpian, pelan y filetean cada anchoa manualmente, retirando espinas y piel sin aplicar calor—una labor delicada y fundamental para lograr los filetes limpios y firmes por los que Santoña es famosa. El último paso es el “envasado”: los filetes seleccionados se colocan cuidadosamente en latas o frascos y se cubren con aceite de oliva de alta calidad, que realza su sabor y prolonga la conservación. Un aspecto curioso es la presencia de un pequeño papel con un número dentro de las latas de anchoas. Este papel identifica a la persona responsable del envasado. Todo el proceso es artesanal y puede llevar hasta un año desde la pesca hasta la degustación final.
¿Qué hace únicas a las anchoas de Santoña? La conjunción de varios factores: la frescura y calidad del bocarte del Cantábrico, el arte del salazón tradicional, el tiempo largo de curación y el meticuloso fileteado manual. El resultado son anchoas de textura sedosa, sabor intenso, perfecto equilibrio entre sal y umami y una limpieza visual inigualable. No sorprende encontrar familias enteras dedicadas por generaciones a este arte.
La anchoa de Santoña es tan valiosa que cuenta con su propia feria anual, la Feria de la Anchoa y la Conserva de Cantabria, que se celebra cada año a principios de mayo, del 1 al 4 en 2025. El evento reúne conserveras, artesanos y visitantes en torno a degustaciones, charlas y demostraciones, acercando el oficio y sus secretos a curiosos y aficionados.
Junto a Santoña, pueblos como Laredo y Colindres también tienen una profunda tradición en la elaboración y curación de la anchoa. Aunque es Santoña la que más ha destacado internacionalmente, las conserveras y técnicas ancestrales se han extendido por toda la costa oriental de Cantabria. Estos pueblos, con puertos pesqueros históricos y familias conserveras, siguen aplicando técnicas que reflejan el saber del mar y perpetúan la calidad del bocarte del Cantábrico.
Si alguna vez pruebas una anchoa de Santoña, Laredo o Colindres, piensa en todo el proceso, la dedicación y el control que hay detrás de cada filete. Son mucho más que alimento: son la historia y el tesoro vivo de Cantabria.
Fotografia del Libro Sobadoras de Anchoa
Artículos recientes
El que camina el Camino del Norte tarde o temprano acaba en una barra.
No por cansancio, sino por instinto. Por esa atracción que provoca ver los mostradores repletos de pan, palillos, colores y olores que cambian con cada bar y cada pueblo.
Desde Bilbao hasta San Sebastián, los pintxos son parte del paisaje: pequeños, brillantes, colocados con mimo como si fueran joyas comestibles.
Pero lo bonito de todo esto no es la estética, ni siquiera el sabor, —que también—.
Lo bonito es el ritual: pedir un zurito, charlar, comer de pie, cambiar de sitio. Reír.
El pintxo no se come: se comparte.
De dónde viene todo esto
El pintxo nació humilde.
Una rebanada de pan, una anchoa, una aceituna, un palillo.
Un invento de barra en los bares de San Sebastián a principios del siglo XX, hecho para acompañar el vino y alargar la conversación.
Vino, palabra, pan y mar. Esa es la fórmula.
Luego vino la creatividad. En los años 30, bares como La Espiga o Casa Vallés empezaron a jugar con el sabor.
De ahí salió la Gilda, ese pincho de aceituna, anchoa y guindilla que se convirtió en icono.
Y aquí una nota para sibaritas con curiosidad: las guindillas que lleva la Gilda son, en realidad, piparras, las finas y suaves guindillas verdes con Denominación de Origen del País Vasco.
Si las pruebas frescas o las compras en el mercado WAYS del Camino, entenderás por qué el mundo entero habla de ellas.
Y si las acompañas con una copa fría de Txakoli, también en el mercado de WAYS, y que es el vino blanco vasco por excelencia, la cosa se redondea.
La evolución del pintxo
El pueblo vasco tiene una virtud: no deja de cocinar, ni de mejorar lo que ya funciona.
Así, el pintxo se convirtió en un campo de juego.
Lo que empezó con pan y anchoa terminó en creaciones con foie, txangurro, solomillo, setas, pulpo o queso Idiazabal.
Hay bares que parecen laboratorios y otros que mantienen lo clásico, pero todos tienen el mismo aire de familia: producto bueno, sabor claro, cero tonterías.
Y sí, en Euskadi se puede comer de pie mejor que sentado en muchos restaurantes del mundo.
Dónde saborearlos en el Camino del Norte
El Camino aquí no solo se anda: se come por etapas. De Irun a Castro Urdiales, cada pueblo tiene su versión de lo perfecto.
Irun
- Empieza con la Gilda. Es la medida justa del mar y el carácter.
- La txaka —ensaladilla de cangrejo sobre pan— se come de un bocado y deja ganas de otro.
Hondarribia
- En Gran Sol, que ha ganado premios, prueba el txangurro o el foie.
- En El Callejón, la tortilla y las gildas no fallan.
- Las anchoas frescas del casco viejo valen el paseo.
San Sebastián / Donostia
- En Casa Vallés y Txepetxa nació la Gilda. Respeta el origen.
- En Bar Néstor, la tortilla es una religión (llega pronto o te quedas sin).
- En Bergara, prueba el “Txalupa”: setas y mar, caliente y suave.
- En Goiz Argi, la brocheta de gambas no falla.
- En La Cuchara de San Telmo o Sport, foie y carrilleras con alma.
- En Borda-Berri, cocina con descaro: oreja, risotto, pulpo.
- En Gandarias, el solomillo se come sin cuchillo, con respeto.
- En La Viña, el cheesecake que se volvió famoso en medio planeta.
Orio
- Tortilla gruesa, con o sin bacalao, pero siempre jugosa.
- Pintxos de bacalao que se derriten con el Txakoli local.
Zarautz
- Anchoas, pimientos y mar.
- Txangurro relleno o al horno: el sabor de la costa, sin artificio.
Getaria
- Pan, anchoa, Txakoli. Trilogía perfecta.
- Txangurro en pimiento del piquillo, el clásico que nunca muere.
Deba
- Bonito ahumado y txistorra sobre pan: dos extremos, mismo placer.
Ondarroa y Lekeitio
- Txipirones a la plancha o en su tinta.
- Pulpo, tierno, directo del mar.
Gernika
- Pimientos de Gernika, suaves y dulces, a veces con anchoa encima.
Bilbao (Casco Viejo)
- Bacalao al pil-pil en Café Bar Bilbao o Gure Toki.
- Carrillera melosa, mini hamburguesas, txistorra en hojaldre.
- En Motrikes, los champiñones son ley.
Portugalete y Santurtzi
- Sardinas asadas y ensaladilla de bonito: puerto, carbón y sal.
Castro Urdiales
Ya es Cantabria, sí, pero aquí el sabor no entiende de fronteras. Las rabas (calamares fritos) y los mariscos a la plancha son parte del mismo viaje: el que une costa, tradición y buena mesa.
Cómo vivir el ritual
- Pide uno o dos pintxos por bar y sigue caminando.
- Acompáñalos con un zurito o un vaso de Txakoli.
- Pregunta siempre cuál es el pintxo del día —aquí hay orgullo detrás de cada plato.
Y sobre todo, habla, ríe, comparte. Nadie come solo en una barra vasca.
Más que cocina
El pintxo es Euskadi en miniatura: honesto, sin adornos, pero lleno de alma.
No presume, no compite. Se ofrece.
Cada bocado es una historia: del mar, del caserío, de la familia que lleva tres generaciones detrás del mostrador.
La cocina vasca tiene fama mundial —Arzak, Subijana, Aduriz—, pero su esencia no está solo en los menús de autor: está en las barras.
Ahí donde el pan huele a recién hecho y el cocinero te mira a los ojos mientras te sirve.
El secreto es simple: ingredientes reales, respeto y alegría.
Y eso, amigo, no se enseña. Se hereda.
Bertsolaris, Dantzaris, Tamborradas… y mucho más
Viajar por el Camino del Norte es adentrarse en un paisaje que suena.
Entre el mar y las montañas, cada pueblo del País Vasco respira ritmo, canto y comunidad.
Aquí la música no es espectáculo: es memoria, resistencia y orgullo.
Cantar juntos, tocar juntos, bailar juntos.
La música vasca es un idioma propio, hecho de madera, piedra y voces.
Durante siglos, cuando el euskera fue perseguido, el canto y la danza mantuvieron viva la lengua.
Hoy siguen siendo una forma de decir: seguimos aquí.
No es casual que los vascos digan con humor: “Tres vascos, un coro.”
Bertsolaritza: poesía cantada y alma improvisada
Los bertsolaris son poetas que improvisan versos cantados en euskera.
Ante un público, y a partir de un tema o reto, componen de inmediato sus estrofas: ingenio, emoción y ritmo.
No hay libreto ni trampa, solo talento y conexión con la gente.
Los orígenes del bertsolaritza se remontan al campo, cuando las historias se contaban cantando en las ferias o tabernas.
Durante la dictadura, fue refugio y resistencia cultural.
Hoy es símbolo de identidad y arte vivo: los campeonatos llenan plazas y teatros, y los bares de Gipuzkoa siguen siendo su escenario natural.
Dónde vivirlo:
Donostia, Zarautz, Getaria, Hondarribia —durante las fiestas de verano o campeonatos locales.
Cada cuatro años se celebra el Campeonato Nacional de Bertsolaris, un auténtico homenaje a la lengua vasca.
Dantzaris: el cuerpo que habla en ritmo
Las danzas vascas no son adorno, son ceremonia.
Los dantzaris mantienen vivas coreografías que se bailan desde hace siglos: el Aurresku, la Dantzari Dantza, las danzas de espada.
Cada paso, cada salto, tiene su historia.
El sonido del txistu (flauta) y el tamboril guía los movimientos; los trajes blancos, las fajas rojas y las cintas coloreadas completan la escena.
Antes eran rituales de fertilidad o protección; hoy son una forma de unión y de orgullo local.
Dónde vivirlo:
En las fiestas patronales de casi todos los pueblos del País Vasco: Bilbao, Durango, Abadiño, Zarautz o durante la Aste Nagusia (Semana Grande) de Donostia, en agosto.
En las plazas, entre sidra, música y aplausos, la tradición sigue bailando.
Tamborrada: el rugido de un pueblo unido
El 20 de enero, Donostia se transforma.
A medianoche, el estallido de tambores marca el inicio de 24 horas de ruido, ritmo y alegría colectiva.
La Tamborrada es la fiesta más intensa del País Vasco: más de 15.000 donostiarras, vestidos de cocineros y soldados, recorren las calles tocando el Himno de San Sebastián al unísono.
Lo que empezó como una burla a los ejércitos napoleónicos se convirtió en una celebración de identidad y resiliencia.
Durante ese día, nadie es espectador: todos son parte del mismo tambor.
Dónde vivirlo:
- Donostia / San Sebastián, 20 de enero.
La Plaza de la Constitución es el corazón de la fiesta, donde se iza la bandera y todo comienza. - En verano, versiones más pequeñas resuenan en Bilbao, Zarautz, Hondarribia y Getaria.
Muchos sonidos, una sola canción
Euskadi tiene una de las tradiciones musicales más ricas de Europa.
Cantar y tocar es una forma de estar en comunidad:
- Ochotes (coros masculinos en Bilbao)
- Trikitixa (acordeón diatónico que anima toda romería)
- Txalaparta (instrumento de madera tocado entre dos personas)
- Txistu y Alboka, flautas que suenan desde hace siglos
Las noches de Santa Águeda son puro folclore: los vecinos cantan puerta a puerta, con trajes y faroles.
En Navidad, los niños siguen al Olentzero entonando canciones antiguas.
Y en los bares, los coros surgen de la nada, sin escenario, sin micrófonos.
Aquí la música no se consume: se comparte.
De lo tradicional a lo contemporáneo
La tradición musical vasca no se detuvo en el pasado.
Artistas como Mikel Laboa, Benito Lertxundi o Oskorri mezclaron poesía, folk y protesta, creando un sonido que sigue siendo profundamente vasco.|
Festivales como Heineken Jazzaldia (Donostia) o BBK Live (Bilbao) demuestran que la música vasca evoluciona sin perder sus raíces.
La trikitixa, la txalaparta y las voces de los coros conviven con guitarras eléctricas y sintetizadores.
Todo forma parte del mismo ADN sonoro: emoción, colectividad, verdad.
Dónde y cuándo vivir la música vasca en el Camino del Norte
| Tradición | Cuándo | Dónde |
|---|---|---|
| Bertsolaritza | Verano y fiestas locales | Donostia, Zarautz, Getaria, Hondarribia |
| Dantzaris | Fiestas patronales (junio–octubre) | Bilbao, Durango, Abadiño, Donostia |
| Tamborrada | 20 de enero | Donostia / San Sebastián |
| Cantos y coros | Todo el año | Bares, plazas, festivales, navidades |
| Festivales modernos | Julio–Agosto | Heineken Jazzaldia, BBK Live |
Una misma alma
Bertsolaris, dantzaris, tamborreros... tres formas distintas de decir lo mismo:
La música es el corazón de Euskadi. Es resistencia y celebración, memoria y presente. Y si caminas por el Camino del Norte, no solo la verás: te atrapará. Porque aquí, entre mar y montaña, el ritmo no viene de un escenario, sino de algo más profundo: la gente, su lengua, su tierra.
Cuando caminas el Camino del Norte por la costa vasca, hay una tradición que no pasa desapercibida. Es pura vida, puro folclore en movimiento: Herri Kirolak, los “deportes del pueblo”. Competiciones de fuerza, destreza y orgullo comunitario que son el reflejo vivo del campo vasco, de su gente, y de esa manera tan nuestra de entender el trabajo y la vida.
Origen e historia
Los Herri Kirolak nacen del trabajo real, del día a día en los caseríos y en el mar: cortar leña, levantar piedras, segar hierba, arrastrar cargas, tirar de cuerdas. Al acabar las faenas o en las fiestas del pueblo, lo que era labor se convertía en reto: ¿quién corta más rápido?, ¿quién levanta más peso?, ¿quién aguanta más? Así, entre risas, sudor y txakoli, nacieron los héroes locales y una tradición que todavía late fuerte.
A finales del siglo XIX y principios del XX, estos desafíos ya eran parte fija de ferias y romerías. La industrialización no los borró; al contrario, los convirtió en símbolo de identidad y resistencia. Hoy los Herri Kirolak siguen presentes, con campeonatos, festivales y exhibiciones que conectan a las nuevas generaciones con el espíritu irreductible de Euskadi.
Las disciplinas principales
- Aizkolaritza (corte de troncos): los aizkolaris se baten hacha en mano para atravesar troncos enormes con fuerza y precisión.
- Harrijasotzea (levantamiento de piedra): auténticos titanes levantan bloques de más de 200 kilos en forma de cubo, esfera o cilindro.
- Txinga eramatea (transporte de pesos): caminar lo más lejos posible cargando una pesa en cada mano.
- Lasto altxatzea (levantamiento de fardos): levantar repetidamente fardos de paja con polea hasta el cielo.
- Sokatira (tira y afloja): deporte de equipo con raíces antiguas; sigue siendo protagonista en casi todas las fiestas.
- Idi probak (pruebas de bueyes): los animales arrastran grandes piedras, demostrando fuerza, compenetración y paciencia.
Y aunque a veces se olvida, la pelota vasca y las regatas de traineras también forman parte de este paisaje deportivo de mar y monte. Todos comparten los mismos valores: esfuerzo, tenacidad, orgullo colectivo y respeto por la tierra.
Los mejores pueblos del Camino del Norte para ver Herri Kirolak
Estos pueblos no se eligen al azar. Son los que mantienen viva la tradición, donde los horarios están grabados en el calendario de fiestas y el sonido del hacha o la cuerda forma parte del verano. Aquí va la guía, directa y verificada, de dónde y cuándo vivirlos como se debe:
Donostia / San Sebastián
El corazón palpitante de los Herri Kirolak. Durante la Semana Grande / Aste Nagusia (a mediados de agosto), las plazas y las playas se convierten en un escenario brutal: corte de troncos, levantamiento de piedra, fardos al aire y tiras de cuerda que hacen vibrar al público.
No se limita al verano: hay exhibiciones profesionales y competiciones abiertas durante todo el año.
Getaria
Aquí, los Herri Kirolak son sagrados. En las Fiestas de San Salvador (primera semana de agosto), la plaza y el puerto se llenan de aizkolaris, harrijasotzailes y bueyes en plena faena. También en San Pedro (29 de junio) y San Antón (17 de enero) el pueblo vuelve a latir al ritmo del esfuerzo.
Zarautz
Arena, mar y músculo. En verano y durante las fiestas patronales (junio a agosto), las playas y la plaza central se llenan de exhibiciones al aire libre. Zarautz es puro espectáculo costero: deporte, tradición y un público que anima como si fuera la final de la Champions.
Bilbao (Casco Viejo y Basque Fest)
El Bilbao Basque Fest (abril) es una cita obligada: varios días de talleres, competiciones y demostraciones que mezclan fuerza y cultura.
Durante el verano, los barrios del Casco Viejo celebran sus propias fiestas, y siempre hay un hueco para los deportes rurales.
Markina-Xemein
Tierra de pelota vasca (jai alai), pero también de fuerza bruta. En sus ferias y fiestas, las piedras vuelan y los aizkolaris se baten como antaño. Tradición pura.
Hondarribia
En septiembre, las Fiestas de Hondarribia combinan el espíritu marinero con la potencia rural. Las pruebas de Herri Kirolak se entremezclan con regatas y celebraciones pesqueras. El escenario: un pueblo precioso donde el olor a mar y a madera recién cortada lo llena todo.
Deba y Gernika
Ambas representan la esencia del deporte rural más auténtico. En Deba, las fiestas de verano traen las pruebas clásicas: cortar, levantar, arrastrar.
En Gernika, el Mercado de los Lunes y otras festividades locales son el mejor escaparate para ver a los campeones del esfuerzo.
Entre todas las paradas, Donostia, Getaria, Zarautz, Bilbao y Hondarribia son las más fiables y vibrantes para empaparte de esta tradición vasca única.
Consejos del Camino
- Cuándo: entre junio y octubre, coincidiendo con las fiestas patronales; agosto y abril son los meses grandes en las ciudades.
- Dónde: en las plazas, puertos, playas y ferias. Pregunta en la oficina de turismo por el programa de “Herri Kirolak”.
- Cómo: la mayoría son gratuitos y abiertos al público, pero llega temprano si quieres ver algo más que los hombros de los de adelante. Algunos pueblos incluso ofrecen talleres para probar tú mismo a cortar madera o levantar piedras (bajo supervisión, claro).
Por qué importan los Herri Kirolak
Porque no son solo deporte. Son una celebración de lo que somos: del esfuerzo, de la comunidad, del orgullo de un pueblo que aprendió a vivir de su tierra y su mar. Verlos, oír el golpe seco del hacha en el tronco o el grito de ánimo en una sokatira, es entender algo esencial de Euskadi.
Así que si haces el Camino del Norte, guarda un día para vivirlo. No hace falta entender las reglas. Basta con mirar, escuchar y sentir. Es potente, es emocionante, y es, sin duda, lo más vasco que verás en todo el camino.
Castro Urdiales, 5 de julio de 2025 – WAYS, la plataforma digital pionera en turismo regenerativo en el Camino de Santiago, presenta oficialmente el nuevo módulo del Camino del Norte de la Costa dentro de su aplicación WAYS Journeys con financiación de los Fondos Next Generation de la Unión Europea gestionados por el Ministerio de Industria y Turismo.
Este lanzamiento supone un paso decisivo para mejorar la experiencia de los peregrinos en una de las rutas más espectaculares y exigentes del Camino, al tiempo que impulsa la economía local y la cohesión cultural en las comunidades que la recorren.
El proyecto ha contado con el apoyo estratégico de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, así como con la colaboración activa de la Asociación de Peregrinos por Cantabria y la Agrupación de Asociaciones de los Caminos del Norte, garantizando una visión compartida y un fuerte arraigo territorial.
WAYS ya había demostrado el potencial de su aplicación en el Camino Francés, y ahora escala su tecnología para responder a las necesidades específicas de los viajeros en el Camino del Norte de la Costa, integrando innovaciones como:
- Sistema de planeación y navegación avanzada con rutas personalizables, posibilidad de elegir entre alternativas y bifurcaciones.
- Contenidos culturales geolocalizados y multilingües (español, inglés, francés, alemán, portugués e italiano) para enriquecer la experiencia del viajero internacional.
- E-commerce de productos locales y experiencias que conecta a peregrinos con productores y artesanos del País Vasco, Cantabria, Asturias y Galicia.
- Pilgrim Tokens basados en blockchain, que se ganan caminando y conectando con la cultura y las comunidades y recompensan la hospitalidad y las prácticas sostenibles.
- Crowdfunding de proyectos locales, que permite a los peregrinos apoyar directamente iniciativas de accesibilidad, conservación del patrimonio y cultura viva.
Este lanzamiento se enmarca además en un año simbólico: el décimo aniversario de la declaración de los Caminos del Norte como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, hito que refuerza la relevancia de conservar y revitalizar esta ruta histórica y cultural.
“El Camino del Norte de la Costa es una joya cultural y natural que merecía un esfuerzo específico para su digitalización y promoción”, señaló María Parga, portavoz de WAYS. “Con este módulo, no solo hacemos más accesible la ruta y contribuimos a su promoción internacional, sino que también demostramos la escalabilidad de WAYS a otras Rutas Culturales en el mundo.”
Por su parte, Valeriano Teja Oruña, presidente de la Agrupación de Asociaciones de los Caminos del Norte, subrayó: “Este nuevo módulo de WAYS nos ayuda a mostrar al mundo la riqueza de nuestros territorios y a garantizar que el peregrino viva una experiencia auténtica, sostenible y profundamente conectada con nuestras comunidades.”
WAYS invita a peregrinos, asociaciones y amantes del Camino de Santiago a descubrir el nuevo módulo descargando la aplicación WAYS Journeys y sumándose a un modelo de turismo consciente, inclusivo y regenerativo.